Trabajos verdes para salvar el planeta: crecen las oportunidades para la sostenibilidad y la emergencia climática.

Les preocupa la salud del planeta, ejercen un consumo responsable, creen en la economía circular, defienden las energías renovables, practican la gestión de residuos, se mueven en transporte limpio de emisiones, suscriben todos y cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU… y trabajan en un gran banco o en una multinacional del sector energético. Hace unos años esta combinación de elementos podría haber parecido insólita (por no decir contra natura). Sin embargo, a medida que las cuestiones medioambientales han ido ganando peso entre las prioridades sociales, también las empresas las han incorporado a sus agendas, hasta el punto de que muchas a las que nunca parecía haberles importado demasiado el tema, ahora no dudan en enarbolar la bandera de la ecología como uno sus valores esenciales.

Pero la sensibilidad corporativa hacia lo sostenible no es solo una cuestión de moda o de lavado de imagen, sino que la cada vez más evidente necesidad de descarbonizar el planeta y cambiar el modelo energético abre también todo un abanico de posibilidades laborales. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que las acciones para frenar el cambio climático crearán 24 millones de empleos hasta 2030 en todo el mundo. Solo en Estados Unidos el sector solar generó 242.000 empleos el año pasado, frente a los 86.000 del sector carbón. En España, el presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, aseguró recientemente que acelerar la instalación de nueva capacidad en el ámbito de las renovables supondría inversiones de 32.000 millones de euros y generaría con rapidez 90.000 puestos de trabajo en todo el territorio, especialmente en el entorno rural.

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La igualdad en los consejos avanza a buen ritmo, pero requiere tiempo.

La presencia de mujeres en los consejos de administración de las empresas del Ibex 35 equivale ya al 30% del total de los puestos y cumple así de forma agregada con el objetivo recomendado para este año por el Código de Buen Gobierno que la CNMV aprobó en 2015. Con la veintena de nombramientos efectuados hasta el momento en este ejercicio, las cotizadas cuentan con 139 consejeras sobre 457 puestos, exactamente el 30,4% del total. De ellas, la mayor parte son externas –algunas de ellas dominicales y la mayoría independientes– y muy pocas tienen la condición de consejeras ejecutivas, una circunstancia que refleja que las mujeres han alcanzado representación, pero no poder de ejecución en las compañías. Un análisis más detallado revela, en cualquier caso, que ese 30% de presencia femenina dista mucho de ser homogéneo.

Hay 21 que han cruzado ese listón y tienen ya –o han propuesto a sus juntas de accionistas tener– ese porcentaje de mujeres en las cúpulas, pero las 14 restantes no han alcanzado el objetivo y 7 de ellas están todavía por debajo del 25%. Muchas empresas cotizadas que no están en el Ibex tampoco cumplen.

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La transparencia salarial, clave para eliminar la brecha de género.

Un estudio publicado por Page Executive destaca los puntos clave necesarios para alcanzar una correcta transparencia empresarial, así como los límites para evitar desvirtuarla.

Page Executive, marca perteneciente PageGroup, consultora líder en la selección de talento cualificado, ha analizado la importancia de la transparencia empresarial como parte de su estudio anual “8 tendencias para ejecutivos 2019”. Así, se desgranan las causas que explican el aumento en la demanda social de trasparencia por parte de las empresas, las respuestas por parte del sector privado, y cómo afecta su inclusión en el mercado laboral y en los procesos de selección.

Actualmente, estamos en un momento en el que la información y la tecnología tienen un papel fundamental. Cada vez existen más mecanismos que permiten acceder a datos personales y esto exige, necesariamente, medidas para proteger y preservar la privacidad de la ciudadanía y su seguridad.

En este contexto, la transparencia se vuelve indispensable, y es la propia ciudadanía la que la demanda, no solo a las instituciones y al sector público, sino también al sector privado. Así, los trabajadores de las empresas consideran vital que las compañías sean transparentes interna y externamente tanto en sus funciones como en sus procesos de contratación. De hecho, un estudio realizado por Sprout Socialseñala que más del 86% de estadounidenses considera que la transparencia en las empresas es clave.

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La opacidad es el principal desafío ético de la inteligencia artificial.

Las nuevas tecnologías asociadas con la inteligencia artificial (IA) representan una oportunidad para empresas e individuos, ya que permiten agilizar y aumentar la velocidad de los procesos, pero también plantean un desafío ético y social. Estos son los impactos que pretende analizar el Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial (OdiseIA) que se presentó este martes en Google for Startups Campus.

“Nuestra intención es extraer todo el buen uso que prometen estas utilidades y eliminar los sesgos negativos que arrastran”, explicó la impulsora de la iniciativa, Idoia Salazar. La mayoría de las organizaciones están implementando códigos éticos en relación a la IA, sin embargo, estos estándares son insuficientes. Conocer la sociedad en la que se va a trabajar es fundamental para cumplir con este objetivo. “Los algoritmos pueden ayudarnos a ser más justos, pero hay que tener en cuenta que no se entiende la ética de la misma manera en todos los países ni en todos los momentos históricos, mientras que estas fórmulas sí se están aplicando de igual manera en todo el mundo”, criticó Marta Peirano, autora de El enemigo conoce el sistema(Editorial Debate), un libro sobre la sociedad y las telecomunicaciones en la era de la información.

Se trata de un asunto complejo que exige ser examinado desde varias perspectivas diferentes. Para el profesor de Ética de la Universidad Pontificia Comillas Javier Camacho, el problema reside en que, con frecuencia, este debate se analiza bajo una óptica meramente tecnológica. “La ética no es algo dicotómico de ceros y unos, sino que su relación con la IA tiene que ser un proceso multidisciplinar y dinámico, no se puede dejar todo en manos de los técnicos”, apoyó.

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Cómo medir en euros los resultados sociales de las empresas.

Lantegi Batuak es la iniciativa empresarial de mayor dimensión que existe en Bizkaia en el ámbito de la discapacidad y, especialmente, en la discapacidad intelectual. En ella trabajan 3.100 personas. Pese su carácter marcadamente social, también opera en el mercado. El 80% de la actividad de sus 25 centros de trabajo es industrial. Entre facturación y algunas subvenciones, anualmente mueve más de 100 millones de euros. Desde hace ocho años, la organización funciona con una doble contabilidad: la de carácter económico-financiero y la de carácter social. Y ambas comparten la misma unidad de medida: el dinero. Eso, medir las cosas en euros, todo el mundo lo entiende.

Y es que cuando una compañía contrata, por ejemplo, a 200 personas, en sus cuentas computa en negativo, como un gasto, lo que no deja de resultar paradójico considerando las consecuencias positivas, sociales y también económicas, en múltiples aspectos, de crear empleo. Más aún se da esta contradicción si hablamos de personas con discapacidad. De ahí la necesidad de medir otros parámetros.

Son cada vez más las empresas que realizan balances sociales que recogen su comportamiento ante determinados indicadores.  Pero no estamos hablando de eso. Hablamos de poder comparar los resultados económico-financieros con los resultados sociales, con los mismos parámetros.

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