La opacidad es el principal desafío ético de la inteligencia artificial.

Las nuevas tecnologías asociadas con la inteligencia artificial (IA) representan una oportunidad para empresas e individuos, ya que permiten agilizar y aumentar la velocidad de los procesos, pero también plantean un desafío ético y social. Estos son los impactos que pretende analizar el Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial (OdiseIA) que se presentó este martes en Google for Startups Campus.

“Nuestra intención es extraer todo el buen uso que prometen estas utilidades y eliminar los sesgos negativos que arrastran”, explicó la impulsora de la iniciativa, Idoia Salazar. La mayoría de las organizaciones están implementando códigos éticos en relación a la IA, sin embargo, estos estándares son insuficientes. Conocer la sociedad en la que se va a trabajar es fundamental para cumplir con este objetivo. “Los algoritmos pueden ayudarnos a ser más justos, pero hay que tener en cuenta que no se entiende la ética de la misma manera en todos los países ni en todos los momentos históricos, mientras que estas fórmulas sí se están aplicando de igual manera en todo el mundo”, criticó Marta Peirano, autora de El enemigo conoce el sistema(Editorial Debate), un libro sobre la sociedad y las telecomunicaciones en la era de la información.

Se trata de un asunto complejo que exige ser examinado desde varias perspectivas diferentes. Para el profesor de Ética de la Universidad Pontificia Comillas Javier Camacho, el problema reside en que, con frecuencia, este debate se analiza bajo una óptica meramente tecnológica. “La ética no es algo dicotómico de ceros y unos, sino que su relación con la IA tiene que ser un proceso multidisciplinar y dinámico, no se puede dejar todo en manos de los técnicos”, apoyó.

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