Los valores intangibles pesan más que nunca en la cotización total.

El valor total de las empresas de todo el mundo que cotizan en bolsa superó el pasado año, por primera vez en la historia, los 100 billones de dólares. Detrás de estas cifras se encuentran, sin duda alguna, los activos tangibles de las compañías. Es decir, todos los valores perfectamente cuantificables que rodean a la organización, tales como las sedes y los terrenos que tiene en propiedad, el número de empleados en plantilla, el capital disponible o el tipo de producto o servicio que lanza al mercado. Sin embargo, y sin menospreciar el peso que adquiere lo material y lo palpable, empieza a cobrar cada vez más fuerza lo intangible, que en el ámbito empresarial viene a ser aquel activo no cuantificable que influye de forma directa en la percepción y la imagen de la compañía, y por lo tanto en su valoración.

Los valores intangibles se han convertido, de hecho, en uno de los motores de crecimiento más importantes de las organizaciones. Así lo explicó ayer David Haigh, consejero delegado de Brand Finance, durante la presentación del informe Global Intangible Finance Tracker 2018. La revolución e impacto de los intangibles en el valor de la organización. Esta empresa, recordó el experto, establece que el 52% del total del valor de las empresas ya proviene de los activos intangibles, con un impacto económico de unos 57,3 billones de dólares, “la cifra más alta de los últimos años”.

Sin embargo, prosiguió Haigh, frente a la importancia que adquieren este tipo de estimaciones, “es llamativa la falta de mecanismos que en muchos casos tienen las empresas para contabilizarlas en sus balances, estimaciones y fortalezas. Si estos activos no se analizan y enumeran, no pueden mejorarse, y tampoco es posible transmitírselos a los stakeholders de la compañía”.

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