El buen gobierno también es cosa de pymes

Contar con una estructura colegiada en la dirección de una empresa y el apoyo de consejeros externos ayuda a evitar disputas familiares. Además, la hace más atractiva para futuros inversores.

¿Existen profesionales externos con formación y experiencia adecuadas en el comité de dirección de su empresa? ¿Tiene un sistema para resolver conflictos de interés? ¿Alguien evalúa cómo lo está haciendo el primer ejecutivo? Si ha contestado que sí a todas las preguntas, enhorabuena. Su empresa está funcionando de manera más eficiente, lo que hace que, por ejemplo, los inversores la vean con mejores ojos. Así lo creen los defensores del buen gobierno corporativo, una serie de principios por los que se rige una compañía y que van desde nombrar nuevos directivos hasta establecer las líneas estratégicas se van a seguir. No hace falta estar dentro del Ibex 35 para buscar la excelencia.

“Estas prácticas son determinantes para la estabilidad de una pyme y su éxito a largo plazo. Contribuyen de manera muy positiva en los casos de acceso a capitales, alianzas u operaciones de compra o fusión”, mantiene Juan Álvarez-Vijande, director ejecutivo y cofundador del Instituto de Consejeros-Administradores. Para él, estas medidas marcan la diferencia entre la confianza y el riesgo.

Las ventajas del buen gobierno parecen claras, pero eso no significa que haya que volverse loco ni montar un consejo de administración a toda costa. De manera habitual, estas normas están indicadas para empresas de tamaño mediano, es decir, las que tienen más de 50 empleados, y son obligatorias para para todas las que cotizan en Bolsa. A pesar de ello, las compañías más pequeñas no están exentas de hacer las cosas bien a pequeña escala.

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